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Los insospechados reductos del economicismo

Actualizado: jul 27

El presente artículo postula que los nuevos movimientos sociales, las organizaciones de

la sociedad civil y, en general, todas las iniciativas que persiguen la mejora de las condiciones de vida humanas, fracasan sistemáticamente en su cometido porque una visión lineal y economicista sigue profundamente arraigada en ellos.


Observando a mi hijo


Dios me había reservado una paternidad “tardía” y no he tenido en la vida una experiencia mejor. Una de las cosas que mas me ha sorprendido al observar a mi hijo durante sus primeros meses de vida, es la avidez que tiene la atención de un pequeño por los objetos materiales.

Las horas del niño parecen dedicadas principalmente a tocar, manipular, degustar, golpear o arrojar todo elemento tangible que esté a su alcance.

Entiendo esto como un proceso normal en esta etapa de desarrollo. Pero si la misma actividad se diera en un adolescente o un joven adulto, físicamente desarrollado, nos hallaríamos ciertamente ante un grande problema.

Este es el caso de la humanidad en su conjunto: con un cuerpo hiperdesarrollado de miles de millones de “células” y con plenas capacidades físicas para construir –y también para destruirlo todo- sigue ligada a los objetos materiales, en la ilusión de que con su posesión algo se realiza…

Para Erich Fromm se trata del “ser por el tener”. Para Ken Wilber, (Wilber,1981) de un estado inferior de desarrollo de la conciencia humana, en el que el poder sobre otros, las posesiones y aún las conquistas, las guerras y el matar al otro, son modos de perseguir lo que no es si no un espejismo: escapar a la sombra de la muerte, que se agiganta con la emergencia del “yo” individual en el actual período “egoico-mental”.


El gran sofisma del pensamiento económico

La economía, como perfecto exponente del paradigma mecanicista y lineal ha logrado una “victoria” a través de la estrategia mas sutil y profunda: ha logrado permear los lenguajes y las visiones del mundo.

Con marco positivista, la naciente economía “descubre” una “ley universal”: el ser humano actúa y se relaciona con los demás guiado por una racionalidad excluyente, la de maximizar su propio beneficio. Ya lo decía Adam Smith: es propio de la naturaleza humana preocuparse más por una lastimadura en el propio meñique, que por cien millones de muertos al otro lado del mundo...

La naciente economía universaliza y naturaliza esta “ley” del maximo beneficio propio: nace el homo económicus.

Sin embargo, Razeto muestra claramente que existen muchas otras racionalidades humanas: la del dar, la de la solidaridad, la del afecto, la de la cooperación, y que la pretendidamente “objetiva” universalización del intercambio maximizador, es simplemente una estrategia política a favor de la clase burguesa dominante. Resulta simple comprender que si tales relaciones son las prevalecientes en el imaginario social, será esta última clase la beneficiada.

Se inventa así el “mercado” como un medio ambiente invisible pero consustancial al ser humano, que lo atraviesa todo.

El Marxismo realiza una aguda crítica que logra desenmascarar claramente esta mentira, pero es sin embargo poco propositivo, y no logra superar el horizonte científico del capitalismo. Sigue concibiendo al hombre como eminentemente económico, y colocando las relaciones de intercambio en la base de toda construcción social.

Podríamos decir que ambas concepciones, al igual que otras hegemónicas, siguen naturalizando y legitimando las relaciones de poder como relaciones esencialmente asimétricas y a-sistémicas.

La economía, como perfecto exponente del paradigma mecanicista y lineal ha logrado una “victoria” a través de la estrategia mas sutil y profunda: ha logrado permear los lenguajes y las visiones del mundo.

Victoria no obstante “a lo Pirro”, ya que sobre la cabeza del economicismo penden no una sino tres espadas de Damocles: la de las propias contradicciones internas desde la emergencia del capitalismo financiero globalizado, la de las presiones sociales y el inexorable socavamiento por parte del proletariado interno, y, si por si alguna de estas dos fallara, la del inevitable colapso ambiental a causa del sobreconsumo y la contaminación.


Hegemonía, contrahegemonía, trascendencia


Frente a tamaña construcción paradigmática, prolífica fuente de inequidad social, los actores sensibles y proclives a la justicia, en particular las organizaciones de la sociedad civil, se levantan para intentar modificar el curso de las cosas.

Aunque su intuición es muchas veces constructora de inéditos, sobre todo a nivel microsocial, su racionalidad suele ser en general contrahegemónica, por oponerse al sistema hegemónico o dominante.

El discurso que comienza así a conformarse, y que tiene un alcance cada vez mayor, tiene un agudo sentido crítico (señalando claramente lo que no debe ser) pero, al igual de lo que sucedió en su momento con la crítica marxista a la economía política, tiene escaso valor propositivo (para construir un orden inédito e independiente).

Sus logros, y los hay, proceden más de la intuición correcta que del discurso explícito. Es por esto que sugerimos que son escasos e insuficientes.

Esta débil capacidad se explica por el hecho de que, los nuevos movimientos sociales, urgidos como se sienten por dar respuestas pragmáticas a las innumerables injusticias hegemónicas, no realizan un trabajo profundo y sistemático a nivel paradigmático y conceptual.

Quedan así atrapados entre un sentir en general correcto, y una racionalidad que no trasciende el horizonte teórico positivista, ni la lógica bipolar y reduccionista, ni la concepción económica de la escasez y, por sobre todo, incapaz de repensar el propio concepto de poder y el patrón de conflicto como connatural a los asuntos humanos.

Se opera así, con signo contrario, sobre las mismas bases epistémicas y, como quien quisiera impulsar una barca soplando contra su vela desde la cubierta, se provoca una reacción igual y contraria a la acción buscada.

Mientras se cuestiona enérgicamente a los sectores o señores hegemónicos, se los convalida en su método entendiendo que el poder sigue siendo algo por lo que se lucha, que se ejerce desde arriba, y procurando su cambio de manos, o al menos su distribución parcial.

Lleva todo esto a una contradicción paralizante, y paradógicamente, a la dilación de las soluciones urgentemente buscadas.

Un modo distinto de percibir la realidad no es solo condición necesaria para el cambio social, si no para un cambio más rápido.

No se trata entonces de jugar el mismo juego, con las mismas reglas y sobre el mismo terreno, aunque con una camiseta de color distinto, porque en ese terreno se será siempre el equipo más débil. Se trata de inventar realidades trascendentes, superadoras de la confrontación hegemonía-contrahegemonía, nuevos campos para nuevas dinámicas, en el convencimiento de que los escenarios actuales a la larga se derrumbarán, y ese derrumbe será tanto más rápido cuanto antes dejemos a la hegemonía sola con su juego sin salida.

Como en un castillo de naipes, -y como la Historia ha mostrado una y otra vez- nuestra oposición da, paradójicamente, apoyo y razón de ser a la hegemonía.

La “revolución” más profunda e incontrolable, para la cual la hegemonía no tiene operadores conceptuales, es la la de construir un orden inédito e independiente, no confrontativo, sino inclusivo de la humanidad en toda su diversidad, lo que más que “revolución” es un “salto evolucionario”.


De lenguajes, percepciones y venenos

Mi hipótesis es que desde la percepción y el lenguaje, estamos convalidadando un mundo hegemónico, y que sólo desde allí puede crearse un orden socioinstitucional distinto.

Si la realidad física es, como lo propone la cuántica, dependiente de la conciencia del observador, la realidad cultural y social es, por excelencia, intersubjetiva y fundada en las ideas, conceptos y lenguajes.

Mi hipótesis es que desde la percepción y el lenguaje, estamos convalidadando un mundo hegemónico, y que sólo desde allí puede crearse un orden socioinstitucional distinto.

Propongo examinar críticamente algunas palabras, y practicar el dificil pero necesario ejercicio de evitar su uso, como quien evita la cicuta o el curare. Veamos algunos casos:

Pobreza. ¿de qué pobreza hablamos? ¿de la de elementos materiales? ¿y qué decir de la pobreza de valores, de espiritualidad, de intelecto, de identidad, de participación, de creatividad, de afectos? Como ya lo señalaron agudamente Max Neef, Elizalde y Hoppenhayn en su obra “Desarrollo a Escala Humana, una Opción para el Futuro” (1986), no hay una, sino muchas pobrezas. Y muchas riquezas.

Desarrollo. ¿El ingreso per cápita es un indicador de desarrollo? El mismo PNUD dice que no, e intenta el concepto de Desarrollo Humano...¿cuánto de ese ingreso se destina hoy a paliar los males (“externalidades”) de un modelo alienante? Y aún si ese ingreso aumentado sirviera de algo ¿a quienes sirve, y a costa de qué? ¿qué decir de la destrucción ecosistémica aberrante que ese “desarrollo” implica (ecosistema que finalmente se cobrará su revancha)? ¿y qué del vergonzoso ultraje a la mayoría de los humanos, ultraje que se infiltra y retorna por las venas del desgarrado cuerpo de la humanidad, imposibilitando la plenitud aún en las células “privilegiadas”? Y aunque reconociéramos como materialmente desarrollados a los pueblos con alto grado de exterioridad material y de artefactos, ¿no son ellos son a todas luces subdesarrollados en justicia, en paz internacional, en espiritualidad, en medio ambiente, en salud mental, en afecto, en apertura a la diversidad?

Crecimiento. ¿de quién? ¿de qué? ¿para qué? ¿a costa de qué? La teoría del “desarrollo” predijo que finalmente la copa de champan (nombre que toma el gráfico de la distribución mundial del ingreso por su ancha acumulación en la zona superior o de mayor riqueza) derramaría, y no lo hizo, ni lo hará. El simplista supuesto de que para repartir primero hay que agrandar la “torta” es falso. Hoy se podría no crecer, inclusive decrecer, mejorando la condición material del ochenta por ciento de los seres humanos, a condición de que el veinte por ciento mas privilegiado, sacrifique parte de su inútil acumulación.

Exclusión. ¿excluidos de qué? ¿deseamos inclusión en el consumo, en el modelo, en el “mundo”? ¿o queremos construir un mundo distinto?

La lista podría continuar con tantas palabras y frases-veneno: recursos humanos, recursos naturales, eficacia, eficiencia, capital social, calidad de vida, carenciados, necesidades básicas, mercado, mercado social, competencia, competitividad...

En un congreso de juventud habido en Santiago de Chile hace unos años, un joven indígena del Perú relató el siguiente caso:

<<Desde pequeños nos decíamos que éramos pobres. Y así nos sentíamos, y así vivíamos. Hasta que un día, en mi comunidad nos reunimos, y consultando nos dimos cuenta que somos ricos en identidad cultural, en afecto, en lazos comunitarios, en historia común, en relación con la Naturaleza, en creatividad, en espiritualidad, en no estar contaminados por el materialismo, en participación. Desde que nos dimos cuenta de esto, comenzamos a resolver todos nuestros problemas, incluso los materiales. La clave fue dejar de sentirnos “pobres”>>


Pirámides o sistemas: en contra del concepto de necesidades básicas


En el campo social, está aún profundamente arraigado el concepto de “necesidades básicas”, entendiendo por ellas las de tipo físico o material. El enfoque de “necesidades básicas”, dominante en los setenta en el discurso del desarrollo, al igual que la frase “necesidades básicas insatisfechas” (NBI), circulan aún hoy por doquier.

Las necesidades básicas tales como el alimento, la vivienda, el abrigo, la atención de la salud, son consideradas por cientistas sociales, políticos y otros actores del “desarrollo”, como las primeras que deben ser atendidas. También lo hacen así muchas organizaciones sin fin de lucro.

Para hablar de cuestiones intangibles y etéreas, primero la panza debe estar llena, reza la creencia popular (de la clase media).

Es interesante relatar una anécdota acaecida en el seno del Banco Mundial (cuyo lema es “Un mundo sin pobreza”) y que me relató un economista amigo.

Un grupo de técnicos del BM organizaron una encuesta, dirigida a sesenta mil personas de todos los paises del mundo, personas todas ellas que compartían la condición de vivir con menos de un dólar diario. Los “pobres” en el sentido convencional de la palabra.

Se les preguntaba qué era lo mas triste en su vida cotidiana, aquello por lo que más sufrían.

Para la sorpresa de los técnicos, mas del ochenta por ciento colocó, en la cima de sus prioridades, no cuestiones materiales (falta de alimento, abrigo o vivienda, por ejemlo) si no cuestiones tales como: falta de reconocimiento, de participación, ser valorado por los demás, afecto. Intangibles...

Los propios “pobres” diciendo que su mayor pobreza es otra.

Los técnicos tuvieron la infeliz idea de publicar el resultado de la encuesta en el sitio web del BM, pero esa es otra historia...

A esta idea de colocar lo material en la base de la pirámide de las necesidades, (esto es, en la mas alta prioridad), contribuyó en gran medida el trabajo de Abraham Maslow, “Motivación y Personalidad” (Maslow, 1970). Según el autor el orden de satisfacción es: primero las fisiológicas, luego las de seguridad, las sociales, las de reconocimiento, y finalmente, la de autorrealización.

Esta doctrina, especialmente apreciada y aplicada en los manuales de gestión empresarial, olvida habitualmente una idea del propio Maslow, y es que este orden de prioridad es socialmente construido, y aunque parece ser el prevaleciente en sociedades occidentales y urbanas, puede modificarse en otras culturas, o en la propia cultura occidental bajo circunstancias particulares.

Desde una perspectiva diferente, los autores del ya mencionado Desarrollo a Escala Humana consideran, por el contrario, que existen diez necesidades humanas fundamentales, también llamadas potencialidades, que no pueden distinguirse en cuanto a su prioridad de satisfacción. (Personalmente simpatizo más con el concepto de potencialidad, ya que necesidad es un concepto estático, que remite a la idea de que con su satisfacción, se detiene la acción)

Estas potencialides (o necesidades) son –no se me ocurre otro orden que el alfabético- el afecto, la creatividad, el entendimiento, la identidad, la libertad, el ocio, la participación, la protección, la subsistencia y la trascendencia.

Ninguna, entonces, prevalece en orden de satisfacción ni es mas importante que las otras, ya que constituyen un sistema integrado.

Para entender esto, debe tomarse en cuenta que existen distintos tipos de satisfactores (construcciones culturales que involucran o no aspectos materiales, orientadas a la satisfacción de las necesidades), siendo el mas deseable el de tipo sinérgico. Los satisfactores sinérgicos permiten, no importa cual haya sido la necesidad “puerta”, producir un efecto beneficioso en todo el sistema.

Una idea interesante es que los satisfactores sinérgicos, suelen surgir de los procesos participativos. (Agregaría yo: de cierto tipo de participación, no proselitista ni partidista)

Así como Maslow hace una aclaración para casos en que su pirámide se altera, como contrapartida estos autores aclaran que si cualquiera de las necesidades estuviera por debajo de su umbral de satisfacción mínimo, provoca un efecto acuciante que impide el funcionamiento sistémico del conjunto.

El economista Manuel Acevedo, chileno, cuenta que en su país, durante el régimen de Pinochet, se encerró a miles de personas en el estadio nacional. La alimentación, abrigo y situación sanitaria, eran monitoreados por la OMS y otras organizaciones especializadas, de tal modo que la mayoría de las personas tenía su subsistencia mejor cubierta que en su vida normal. Sin embargo, no era esta una situación expresiva de lo humano. No contaban con libertad, con afecto, con participación, se les negaba su identidad y su entendimiento...

Sabemos de niños que mueren no por falta de alimento si no de afecto, de personas que se suicidan por la misma causa, o por no vivenciar su trasendencia, aún teniendo una situación material inmejorable. De madres que elijen dar su vida para proteger la de sus hijos, de miembros de una religión minoritaria que prefieren el martirio a renunciar a sus creencias.

Los ejemplos pueden seguir ¿qué necesidad humana han sido las prioritarias en estos casos?


Para finalizar


No se niega aquí la legitimidad de lo material, como parte constitutiva de la realidad humana. Pero sí se propone que su abordaje se dé dentro del marco más amplio de las ilimitadas potencialidades humanas.

Desde el paradigma Newtoniano se construyó una visión mecanicista, lineal, determinista y fragmentaria del Universo, y la misma permeó las ciencias sociales (en particular la economía), el discurso político prevaleciente, y hasta el “sentido común”. Se ha logrado, además, que tal visión se proyecte mas allá de la revolución cuántica, a pesar de que esta última, desde la propia física, desautorizó el modelo.

Necesitamos ahora nuevas construcciones sociales para la percepción de la realidad.

No se trata de un nuevo “paradigma” único, ya que la unicidad paradigmática está definitivamente ligada a un poder hegemónico, si no, mas bien, de una multiparadigmaticidad, o mejor, de la coexistencia suavemente articulada de una miríada de visiones en toda su diversidad, sin exigencias de consistencia lógica por priorizar una excluyendo a otras.

Visiones que en su conjunto, y cada una con matices, rescaten la complejidad y la multidimensionalidad del fenómeno humano, sin excluir lo material, pero sin ponerlo ni en su base, ni en su centro, ni en ninguna otra posición geográficamente privilegiada.

La racionalidad de “primero las NBI”, profundamente ligada al asistencialismo, la racionalidad de la exclusión-inclusión, del crecimiento con distribución, pueblan todavía muchos espacios sociales, restandoles buena parte de su poder transformador.

Cuando todo resabio de economicismo y de materialismo sean desterrados, como un virus, de las células de la sociedad civil, y sus intuiciones –ya bien encaminadas- se combinen con la percepción consciente no materialista de la realidad, la configuración de formaciones sociales inéditas, caracterizadas por las ilimitadas potencialidades latentes en la conciencia humana, (y por añadidura, la caida de las hegemonías opresoras), será rápida e inevitable.


Por Lucio Capalbo

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